Todos estos tipos de espectáculos públicos tuvieron su auge en el siglo II d.C., y entraron en crisis
en el siglo III. Con la llegada del cristianismo, los juegos romanos, y más concretamente la
lucha de gladiadores empezó a ser mal vista. Hay que tener en cuenta que muchos cristianos
fueron utilizados para la diversión del pueblo romano en estos juegos; ya fuera de bestias o de
gladiadores.
En el año 326 d.C. el emperador Constantino, aunque no los prohibió, emitió una serie de leyes
que tendían a evitar su celebración. El año 404, el emperador de la parte occidental del Imperio,
Honorio, suprimió completamente los combates de gladiadores.
Poco a poco fueron decayendo, hasta desaparecer; aunque resurgieron en la época medieval
con las luchas de caballeros.
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